
Hay una conversación que mantienes todo el día, todos los días, y que casi nunca cuestionas: la que tienes contigo mismo.
¿Cómo te hablas?
Presta atención durante un día a lo que te dices cuando cometes un error, cuando no llegas a todo, cuando alguien te decepciona. ¿Te hablas con la misma amabilidad que le hablarías a alguien que quieres?
El origen del diálogo interno duro
Muchas veces, esa voz exigente no es tuya. Es una voz que aprendiste — de un padre, una madre, un profesor, una sociedad que te dijo que tu valor dependía de lo que producías.
Cómo empezar a cambiarlo
No se trata de forzar frases positivas ni de mentirte. Se trata de aprender a tratarte con más justicia. Y eso empieza por darte cuenta de cuándo te estás castigando.
No necesitas hacer más para merecer más. Ya mereces.